17 agosto 2007

Lecturas del 19 a 22/8

Lecturas del 19 al 22-08-07 (Domingo al Miércoles de la Semana 20)





Unos Momentos con Jesús y María

Lecturas del 19-8-07 (Domingo de la Semana 20)
SANTORAL: San Juan Eudes

Lectura del libro del profeta Jeremías 38, 4-6. 8-10

Los jefes dijeron al rey: «Que este hombre sea condenado a muerte, porque con semejantes discursos desmoraliza a los hombres de guerra que aún quedan en esta ciudad, y a todo el pueblo. No, este hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia.» El rey Sedecías respondió: «Ahí lo tienen en sus manos, porque el rey ya no puede nada contra ustedes.» Entonces ellos tomaron a Jeremías y lo arrojaron al aljibe de Malquías, hijo del rey, que estaba en el patio de la guardia, descolgándolo con cuerdas. En el aljibe no había agua sino sólo barro, y Jeremías se hundió en el barro. Ebed Mélec salió de la casa del rey y le dijo: «Rey, mi señor, esos hombres han obrado mal tratando así a Jeremías; lo han arrojado al aljibe, y allí abajo morirá de hambre, porque ya no hay pan en la ciudad.» El rey dio esta orden a Ebed Mélec, el cusita: «Toma de aquí a tres hombres contigo, y saca del aljibe a Jeremías, el profeta, antes de que muera.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 39, 2. 3. 4. 18 (R.: 14b)

R. Señor, ven pronto a socorrerme.

Esperé confiadamente en el Señor: él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. R.

Me sacó de la fosa infernal, del barro cenagoso; afianzó mis pies sobre la roca y afirmó mis pasos. R.

Puso en mi boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios. Muchos, al ver esto, temerán y confiarán en el Señor. R.

Yo soy pobre y miserable, pero el Señor piensa en mí; tú eres mi ayuda y mi libertador, ¡no tardes, Dios mío! R.


Lectura de la carta de los Hebreos 12, 1-4

Hermanos: Ya que estamos rodeados de una verdadera nube de testigos, despojémonos de todo lo que nos estorba, en especial del pecado, que siempre nos asedia, y corramos resueltamente al combate que se nos presenta. Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús, el cual, en lugar del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz sin tener en cuenta la infamia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Piensen en aquel que sufrió semejante hostilidad por parte de los pecadores, y así no se dejarán abatir por el desaliento. Después de todo, en la lucha contra el pecado, ustedes no han resistido todavía hasta derramar su sangre.

Palabra de Dios.


X Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 49-53

Jesús dijo a sus discípulos: «Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente! ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»

Palabra del Señor.


Reflexión

Al nacer Jesús, los ángeles anuciaron PAZ A LOS HOMBRES.
Jesús es el PRINCIPE DE LA PAZ.
Jesús mismo dijo en el Sermón de la Montaña FELICES LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ
Cuando envía a sus discípulos, les pide que al entrar en una casa, SALUDEN DICIENDO, QUE DESCIENDA LA PAZ SOBRE ESTA CASA!
Cuando se despide de sus discípulos les dice: LES DEJO LA PAZ, LES DOY MI PAZ.
Sin embargo, el evangelio de hoy, parece que Jesús les dice a todos que están equivocados si piensan que él vino a traer la paz.
Jesús dice que vino a traer la división
¿No nos parece contradictorio esto que Jesús anuncia hoy?
Pero el mensaje de Jesús es muy profundo.
Dice Jesús que ha venido a traer fuego sobre la tierra.
La imagen del fuego es familiar en el Antiguo Testamento. El fuego manifiesta a Dios. San Juan anuncia que el Salvador tenia que bautizar con Espíritu Santo y fuego. En Pentecostés, descendió el Espíritu Santo sobre los apóstoles como llamas de fuego.
Jesús desea ardientemente que el mundo sea inundado con el fuego de su Espíritu Santo.
Así como el fuego purifica el oro en el crisol, de toda impureza, el Espíritu Santo nos purifica de todo lo que no es digno de hijos de Dios, y así nos quiere llevar a la plenitud de la Vida.
Jesús no nos habla de quemar a los demás, de suplicar que caiga sobre ellos fuego del cielo para consumirlos!. Jesús desea ardientemente que el Espíritu Santo ilumine y purifique nuestro propio interior, nuestro corazón!.
Jesús quiere que nos dejemos inflamar por su amor divino.
Dice también Jesús: Tengo que recibir el BAUTISMO.
Bautizar, significa sumergir.
El bautismo que Jesús tenía que recibir era sin duda su muerte. Tenía que sumergirse en el mar de los sufrimientos para resucitar y conquistar así la Vida Nueva para el mundo. Y se angustia porque todavía esta nueva Vida no ha llegado a realizarse en plenitud en todos los hombres.
La muerte y Resurrección de Jesús son causa de la reconciliación de los hombres entre sí y con Dios. El Espíritu Santo nos une a todos en un solo cuerpo en Cristo. Las dos expresiones del bautismo y del fuego nos llevan al mismo fin: el establecimiento de la paz verdadera y definitiva.
Pero el Señor nos advierte para que no alentemos falsas ilusiones sobre una rápida y fácil instauración de la paz en este mundo.
Algunos podrían creer por ingenuidad, otros por impaciencia, que la paz total ya se daría ahora mismo.
A ellos se refiere el Señor cuando dice que no piensen que El ha venido a traer la paz. Está hablando de esa paz a corto plazo, que ciertamente no vamos a encontrar.
Al contrario, cuánto más lo tomamos en serio a él, tanto más dificultades vamos a encontrar!
Pero Él nos prometió PAZ INTERIOR en medio de las dificultades.
El mensaje de Jesús no es para calmar la conciencia de nadie. Más bien es como un espejo que pone delante de nosotros. Nos cuestiona. Por eso pocos en su época aplaudían a Jesús.
Jesús fue causa de división en su época y lo sigue siendo hoy.
Jesús nos quiere decir: hay que seguirle a Él, decididamente, no importa lo que los propios padres o hijos piensen. Jesús necesita seguidores. A Jesús no le basta gente que lo admire, necesita gente que se comprometa y lo siga con todas sus consecuencias.
En el tiempo en que San Lucas escribe el evangelio, el hacerse cristiano significaba romper con la propia familia y dividirla.
A los judíos les estaba prohibido casarse con paganos, y éstos valía también para los cristianos. Por eso en aquella época, seguir a Jesús significaba dividir la familia. Muchas discordias entraron en las familias por causa de la fe en Jesús.
La división de la que habla Jesús es la que surge de seguir a nuestro maestro, siendo absolutamente fieles al Evangelio.
Aquel que quiere seguir al maestro tiene que prepararse para todo, menos para una vida fácil.
Los cristianos debemos ser fuego que encienda. Igual que Jesús encendió a sus discípulos. Nadie que nos conozca debe permanecer indiferente. El Espíritu Santo, soplará a través nuestro para que surja llama en esas personas que parecen ya apagadas, que apenas tienen vida cristiana.
El optamos de veras por Jesús, si lo elegimos a Él como a nuestro único Señor, nos tocará enfrentarnos con el mundo, porque el mensaje de Jesús, las Bienaventuranzas, son el mayor de los rechazos a los criterios que el mundo considera como valores.
Para seguir a Jesús, para optar por su reino, tendremos muchas veces que romper con muchas conveniencias personales y sociales, tendremos que saltar por encima de muchos compromisos familiares. Tenemos que estar dispuestos a dejarlo todo y seguir a Cristo por el camino de la cruz.
Vamos a pedirle hoy a la Virgen, a ella que como nadie, se dispuso a enfrentarse con el mundo de su época, dando su Sí, a Dios, ese Sí que posibilitó la venida de nuestro Salvador, que nos infunda su valor para ser nosotros también fieles a la voluntad de Dios, siguiendo a Jesús, trabajando por su Reino de Paz.

SANTORAL: San Juan Eudes
Había nacido en Normandía, en 1601, y tenía todo, menos simpatía en su cara y en sus gestos. Era de un natural brusco. Era un predicador con voz de trueno. Pero Dios es capaz de sacar santos de las piedras. A los 40 años le sobreviene una enfermedad que le mete en la cama durante dos años. En este tiempo tiene ocasión de pensar en serio sobre el tono que ha de dar a su vida. Conoce a una mujer, María des Vallés, que será para él de una valiosa ayuda. Durante 15 años será una inspiradora feliz de todas las iniciativas que han de salir de su imaginación.
Las ideas, que antes eran confusas, se van aclarando en su mente. Y así nacen dos instituciones: una congregación de religiosos destinados a la formación del clero en los seminarios, y otra congregación de religiosas cuya misión sera la recuperación de mujeres arrepentidas.
Al mismo tiempo compone un oficio en honor del Sagrado Corazón de María, y comienza la propagación del culto de los Sagrados Corazones.
Hoy quedan sus dos congregaciones: los Padres Eudistas y las Hermanas del Buen Pastor. Y también 12 tomos imponentes de sus obras. Su oficio delñ Corazón de Jesús es anterior a las revelaciones de Paray-le-Mondial.

Otros Santos cuya fiesta se celebra hoy: Santos: Juan Eudes, presbítero; Badulfo, monje; Donato, Bartolomé, Bernardo, Calminio, Elafio, confesores; Bertolfo, abad; Enán, eremita; Julio, Flaviano, Rufino, Timoteo, Agapio, Tecla, Valentín, Leoncio, mártires; Luis, obispo de Tolosa; Sara, mujer de Abrahán.

Unos Momentos con Jesús y María

Lecturas del 20-08-07 (Lunes de la Semana 20)
SANTORAL: San Bernardo

Lectura del libro de los Jueces 2, 11-19

Los israelitas hicieron lo que es malo a los ojos del Señor y sirvieron a los Baales. Abandonaron al Señor, el Dios de sus padres, que los había hecho salir de Egipto; fueron detrás de otros dioses -los dioses de los pueblos vecinos- y se postraron delante de ellos, provocando así la indignación del Señor. Abandonaron al Señor para servir a Baal y a Astarté. Por eso, la ira del Señor se encendió contra Israel: él los puso en manos de salteadores, que los despojaron; los entregó a los enemigos que tenían a su alrededor, y no pudieron oponerles resistencia. En todas las campañas, la mano del Señor se ponía en contra de ellos para hacerles mal, como el mismo Señor lo había dicho y jurado. Así se encontraron en una situación muy angustiosa. Entonces el Señor suscitaba jueces, que salvaban a los israelitas del poder de los salteadores. Pero los israelitas no escuchaban a sus jueces, sino que se prostituían, yendo detrás de otros dioses y postrándose delante de ellos. Se desviaban muy pronto del camino seguido por sus padres, que habían obedecido los mandamientos del Señor. Ellos, en cambio, no hacían lo mismo. Cuando el Señor les suscitaba jueces, estaba con el juez y los salvaba de las manos de sus enemigos mientras vivía el juez, porque se compadecía de los gemidos que les provocaban sus opresores y perseguidores. Pero cuando moría el juez, volvían a pervertirse más aún que sus antepasados: iban detrás de otros dioses para servirlos y postrarse delante de ellos, sin renunciar en nada a sus malas acciones y a su conducta obstinada.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 105, 34-35. 36-37. 39-40. 43ab y 44 (R.: 4a)

R. Acuérdate de mí, Señor, por el amor que tienes a tu pueblo.

No exterminaron a los pueblos como el Señor les había mandado; se mezclaron con los paganos e imitaron sus costumbres. R.

Rindieron culto a sus ídolos, que fueron para ellos una trampa. Sacrificaron en honor de los demonios a sus hijos y a sus hijas. R.

Se mancharon con sus acciones y se prostituyeron con su mala conducta; por eso el Señor se indignó contra su pueblo y abominó de su herencia. R.

El Señor los libró muchas veces, pero ellos se obstinaron en su actitud. Sin embargo, el miró su aflicción y escuchó sus lamentos. R.


X Lectura del santo Evangelio según san Mateo 19, 16-22

Se le acercó un hombre y le preguntó: «Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos.» «¿Cuáles?», preguntó el hombre. Jesús le respondió: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.» El joven dijo: «Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?» «Si quieres ser perfecto, le dijo Jesús ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme.» Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes.

Palabra del Señor.


Reflexión


En el Evangelio, el Señor habla en forma personal a cada uno de los que escuchan la Palabra de Dios. Por eso la palabra adquiere trascendencia, cuando cada uno de nosotros la aplicamos a nuestras propias vidas y condiciones.

Las reflexiones que solemos escuchar sobre este pasaje del evangelio del jóven rico están referidas generalmente a quienes tienen vocación a la vida consagrada. Podría creerse que solo está dirigido a aquellos privilegiados a quienes el Señor llama para vivir su cristianismo desde un estado sacerdotal o religioso... El jóven contesta a Jesús que ya cumplía los mandamientos, y cuando el Señor le pide algo más, no tiene el suficiente coraje y la suficiente generosidad para dejar todos sus bienes y seguir al Señor.

Pero si meditamos un poco más los hechos del pasaje, todos podemos descubrir en que medida nos resultan aplicables.
Es frecuente que los cristianos pensemos que un poco mejor o un poco peor, ya estamos cumpliéndo la ley del Señor. Y seguramente que en muchos casos esa sea la realidad.

Pero también es cierto que si escarbamos un poco más dentro nuestro, vamos a descubrir las veces que el Señor nos ha pedido a nosotros, como le pidió al joven rico del evangelio, ... algo más...
Quizás se trate de encarar una tarea de evangelización o de catequesis. O de hacernos cargo de una trabajo de ayuda a nuestro prójimo, en el hospital, en una escuela, o en nuestro barrio. O de comprometernos a ir una vez por semana a enseñar algo a alguien o a cuidarlo.

A lo mejor el Señor nos está pidiendo que recemos un poco más todos los días, o que asistamos a una novena, o a misa con mayor frecuencia.

Y con seguridad que para cumplir con ese pedido del Señor, que nos puede venir a través de un amigo o de un necesitado, o de la forma menos pensada, ... seguramente va a ser necesario que dejemos alguna otra cosa. Tal vez sea ese rato de esparcimiento del que gozamos todos los días mirando un programa de televisión. O tal vez sea a costa de acortar el tiempo que pasamos hablando amablemente con nuestros amigos. O el tiempo que dedicamos a una actividad o un deporte que nos gusta. O a costa de perder unos minutos de sueño.

O a lo mejor, decir sí al pedido del Señor nos requiere privarnos de un bien material, o de un gasto, para hacer una donación o un regalo junto con nuestra ayuda.

Por supuesto que responder afirmativamente al llamado del Señor nos va a costar. Necesitaremos ser generosos y desprendidos. Necesitaremos ser decididos cuando decimos sí, y constantes y tenaces para cumplir con nuestro compromiso para no quedarnos a mitad de camino y dejarlo sin terminar.

A cambio de nuestra renunciamiento, el Señor nos promete el ciento por uno. Todas las acciones buenas que hagamos, por amor a Dios van a ser recompensadas. Y esa recompensa no solo vendrá en nuestra vida futura, sino que muy rapidamente, nos traerá la paz y la alegría.

El Evangelio nos dice que el joven rico se marchó triste. Por falta de valentía y de generosidad dejó pasar la oportunidad de alcanzar la felicidad. De vivir alegre.

Vamos a pedir hoy a María, a ella a quien todas las generaciones llamaron feliz por su entrega al Señor, que nos dé las fuerzas y la generosidad de corazón para responderle fielmente al llamado que Jesús nos hace a cada uno.

Vosotros que escuchasteis la llamada
de viva voz que Cristo os dirigía,
abrid nuestro vivir y nuestra alma
al mensaje de amor que él nos envía.

Vosotros que invitados al banquete
gustasteis el sabor del nuevo vino,
llenad el vaso, del amor que ofrece,
al sediento de Dios en su camino.

Vosotros que tuvisteis tan gran suerte
de verle dar a muertos nueva vida,
no dejéis que el pecado y que la muerte
nos priven de la vida recibida.

Vosotros que lo visteis ya glorioso,
hecho Señor de gloria sempiterna,
haced que vuestro amor conozca el gozo
de vivir junto a él la vida eterna. Amén.
Himno de la Liturgia de las Horas



SANTORAL: San Bernardo
Nació en la Borgoña, en el castillo de Fontaines. A los veinte años se le ocurrió entrar en un monasterio, pero la familia se opuso; le dejaron que comenzara la carrera sacerdotal. Salió de casa y fue hacia el norte, buscando alguna escuela alemana. Y empieza una nueva vida que le va a llevar por dos caminos aparentemente contradictorios: la vida solitaria y el celo por la gente. A los 22 años, acompañado de 30 jóvenes de su edad, entra en el monasterio benedictino de Císter. Con el trabajo de este joven, el Císter empieza a recobrar una vida que estaba perdiendo. Pero a los tres años, se lo piensa bien, y sale del monasterio para fundar una rama especializada que se llamará Claraval. Y allí vive más de 40 años el hombre más grande del siglo XII.
La vida allí es austera por demás. Y empieza una actividad apostólica capaz de destrozar a cualquiera. Los doce primeros monjes se han convertido en 500. Nuevas colonias de frailes salen en todas las direcciones. Funda más de 70 monasterios. Predica por todas partes y se convierte en el apóstol más grande de su siglo. Se hace el apóstol de la segunda cruzada. Organiza la campaña contra el cisma, y el mismo antipapa viene a postrarse a sus pies. Predica como un luchador y escribe como un poeta. Hace al mismo tiempo vida monástica, política, apostólica y contemplativa.
Otros Santos cuya fiesta se celebra hoy: Santos: Adoindo, Erberto, obispos; Advino, Amador, Donorcio, confesores; Brígida, abadesa; Cristóbal, Leovigildo, Porfirio, Eudosia, Seronio, Severo, mártires; Filiberto, Máximo, abades; Lucio, monje; Osvino, rey; Samuel, profeta.


Unos Momentos con Jesús y María

Lecturas del 21-8-07 (Martes de la Semana 20)
SANTORAL: San Pío X, papa

Lectura del libro de los Jueces 6, 11-24a

El Angel del Señor fue a sentarse bajo la encina de Ofrá, que pertenecía a Joás de Abiézer. Su hijo Gedeón estaba moliendo trigo en el lagar, para ocultárselo a los madianitas. El Angel del Señor se le apareció y le dijo: «El Señor está contigo, valiente guerrero.» «Perdón, señor, le respondió Gedeón; pero si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos sucede todo esto? ¿Dónde están todas esas maravillas que nos contaron nuestros padres, cuando nos decían: "El Señor nos hizo subir de Egipto"? Pero ahora él nos ha desamparado y nos ha entregado en manos de Madián.» El Señor se volvió hacia él y le dijo: «Ve, y con tu fuerza salvarás a Israel del poder de los madianitas. Soy yo el que te envío.» Gedeón le respondió: «Perdón, Señor, pero ¿cómo voy a salvar yo a Israel, si mi clan es el más humilde de Manasés y yo soy el más joven en la casa de mi padre?» «Yo estaré contigo, le dijo el Señor, y tú derrotarás a Madián como si fuera un solo hombre.» Entonces Gedeón respondió: «Señor, si he alcanzado tu favor, dame una señal de que eres realmente tú el que está hablando conmigo. Te ruego que no te muevas de aquí hasta que yo regrese. En seguida traeré mi ofrenda y la pondré delante de ti.» El Señor le respondió: «Me quedaré hasta que vuelvas.» Gedeón fue a cocinar un cabrito y preparó unos panes sin levadura con una medida de harina. Luego puso la carne en una canasta y el caldo en una olla; los llevó debajo de la encina y se los presentó. El Angel del Señor le dijo: «Toma la carne y los panes ácimos, deposítalos sobre esta roca y derrama sobre ellos el caldo.» Así lo hizo Gedeón. Entonces el Angel del Señor tocó la carne y los panes ácimos con la punta del bastón que llevaba en la mano, y salió de la roca un fuego que los consumió. En seguida el Angel del Señor desapareció de su vista. Gedeón reconoció entonces que era el Angel del Señor, y exclamó: «¡Ay de mí, Señor, porque he visto cara a cara al Angel del Señor!» Pero el Señor le respondió: «Quédate en paz. No temas, no morirás.» Gedeón erigió allí un altar al Señor y lo llamó: «El Señor es la paz.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 84, 9. 11-12. 13-14 (R.: 9b)

R. El Señor promete la paz para su pueblo.

Voy a proclamar lo que dice el Señor: el Señor promete la paz, la paz para su pueblo y sus amigos, y para los que se convierten de corazón. R.

El Amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán; la Verdad brotará de la tierra y la Justicia mirará desde el cielo. R.

El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos. La Justicia irá delante de él, y la Paz, sobre la huella de sus pasos. R.


X Lectura del santo Evangelio según san Mateo 19, 23-30

Jesús dijo entonces a sus discípulos: «Les aseguro que difícilmente un rico entrará en el Reino de los Cielos. Sí, les repito, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos.» Los discípulos quedaron muy sorprendidos al oír esto y dijeron: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?» Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible.» Pedro, tomando la palabra, dijo: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?» Jesús les respondió: «Les aseguro que en la regeneración del mundo, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, que me han seguido, también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y el que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna. Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros.»

Palabra del Señor.




Reflexión


En este día la palabra de Dios no habla del rico que pone su confianza en las riquezas, y entonces no comparte.
La fe germina con mayor facilidad en el desprendimiento que en las preocupaciones por las cosas

Quien pone el corazón en los bienes de la tierra, se incapacita para encontrar a Dios. Porque quien tiene el corazón repleto de bienes materiales, no puede amar a Dios.

Los bienes de la tierra no son malos, siempre y cuando no los convirtamos en ídolos. Porque entonces nos postraremos ante esos bienes.
Muy por el contrario los medios materiales pueden ser los medios que nos permitan ser instrumentos para el bien, para la justicia.

En la época de Jesús, la riqueza se consideraba como un premio de Dios, y Cristo a esto responde con una expresión popular: Es más fácil para el camello pasar por el ojo de una aguja, que para el rico entrar en el Reino de los cielos

El Señor no está diciendo que los ricos no pueden salvarse, está diciendo que quien tiene una afición desordenada a las cosas materiales difícilmente se salvará. Pero no porque el Señor no quiera, sino porque probablemente esa afición desordenada puede impulsarlos a cometer injusticias.

Pero los discípulos que no tenían riquezas y habían dejado todo por seguir a Jesús, le preguntan, cuál va a ser su lugar.
Y el Señor les promete el lugar de honor, pero se los promete por seguirlo.
El dejar todo es sólo una condición para seguir a Jesús, pero lo realmente importante, lo que nos puede permitir acceder a la perfección es realmente seguirlo a Cristo.

Esta mentalidad de Pedro, la espera de la recompensa, está muy extendida entre nosotros, los cristianos.
Muchas veces dejamos muchas cosas para seguir a Cristo, a veces muchísimas cosas, y sin embargo, después nos enredamos y empobrecemos con pequeñeces, con críticas, con envidias, con aspiraciones y puestos de honor.
Y entonces, lo dejamos todo, pero no somos realmente sus seguidores.

Vamos a pedirle hoy a María, nuestra Madre que nos enseñe a ser desprendidos de las cosas del mundo a ejemplo suyo para que así nos sea más fácil alcanzar el reino.

Vuestra soy, para Vos nací:
¿Qué mandáis hacer de mí?

Soberana Majestad,
eterna Sabiduría,
Bondad buena al alma mía;
Dios, Alteza, un Ser, Bondad:
la gran vileza mirad,
que hoy os canta amor así:
¿Qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, pues me criasteis;
vuestra, pues me redimisteis;
vuestra, pues que me sufristeis;
vuestra, pues que me llamasteis;
vuestra, porque me esperasteis;
vuestra, pues no me perdía;
¿Qué mandáis hacer de mí?

Veis aquí mi corazón,
yo le pongo en vuestra palma:
mi cuerpo, mi vida y mi alma,
mis entrañas y afición.
Dulce Esposo y Redención,
pues por vuestra me ofrecí:
¿Qué mandáis hacer de mí?

Dadme muerte, dadme vida,
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad,
dadme guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida,
que a todo digo que sí:
¿Qué queréis hacer de mí?

Dadme riqueza o pobreza,
dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme infierno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo,
pues del todo me rendí:
¿Qué mandáis hacer de mí?

Si queréis que esté holgando,
quiero por amor holgar;
si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando:
decid dónde, cómo y cuándo,
decid, dulce Amor, decid:
¿Qué mandáis hacer de mí?

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo
por los siglos de los siglos. Amén.
Himno de la Liturgia de las Horas




SANTORAL: San Pío X, papa

Nació en Riese, un pueblito de la alta Venecia, en 1835. Cuando era niño, para ir a la escuela, que distaba siete kilómetros de su pueblo, se quitaba los zapatos para no gastarlos. Tal era la pobreza de su casa. A los 15 años entró en el seminario de Padua. A los 23 años era ya sacerdote y lo mandaron de coadjutor a Tombolo.
A los 31 ya era párroco; a los 40, canónigo de Trevise; a los 52, obispo de Padua; a los 59, patriarca de Venecia; y a los 68 papa.
Nada más empezar a ejercer como papa, escribe una encíclica que lo va a definir para siempre: "Instaurar todas las cosas en Cristo".
Ese mismo año emprende la reforme de la música religiosa, da cauces legítimos a la Acción Católica, se mete en la doctrina social, promueve la comunión frecuente de los fieles (incluso de los niños), reforma el Código de Derecho Canónigo (obra que le costó 13 años de trabajo), apoya la reforma del clero.
Y otras muchas iniciativas: constitución contra el veto civil a las elecciones de obispos, carta sobre la enseñanza de la doctrina cristiana, reforma de la curia romana, creación del Instituto Bíblico.

Otros Santos cuya fiesta se celebra hoy: Santos: Basa, Teogonia, Agapio, Pisto, Bonoso, Maximiliano, Ciriaca, Donato, Rómulo, Luxurio, Ciselo, mártires; Cuadrado, Euprepio, Privado, Juliano, Leoncio, obispos; Teocleta, Paterno, Natal, onfesores.



Unos Momentos con Jesús y María

Lecturas del 22-8-07 (Miércoles de la Semana 20

SANTORAL: Santa María Virgen, Reina


Lectura del libro del profeta Isaías 9, 1-3. 5-6

El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz.Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín.Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián.Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz.» Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 112, 1-2. 3-4.5-6. 7-8 (R.: cf. 2)

R. Bendito sea el nombre del Señor para siempre.

Alaben, servidores del Señor, alaben el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, desde ahora y para siempre. R.

Desde la salida del sol hasta su ocaso, sea alabado el nombre del Señor. El Señor está sobre todas las naciones, su gloria se eleva sobre el cielo. R.

¿Quién es como el Señor, nuestro Dios, que tiene su morada en las alturas, y se inclina para contemplar el cielo y la tierra? R.

El levanta del polvo al desvalido, alza al pobre de su miseria, para hacerlo sentar entre los nobles, entre los nobles de su pueblo. R.


X Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38

El Angel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo.» Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.» María dijo al Angel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?» El Angel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios.» María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho.» Y el Angel se alejó.

Palabra del Señor.




Reflexión

Celebramos hoy a Maria como Reina. Tal como meditamos en el quinto misterio glorioso del Rosario.
María nació Reina porque fue predestinada desde siempre para que lo fuera. Y fue predestinada para ser Reina porque fue elegida para la misión de ser la Madre de Cristo-Rey, y Mediadora universal de todas las gracias.
María es Reina, por ser Madre de Cristo y por ser con Él corredentora del género humano, pero su Reino, a semejanza con el reino de Jesucristo, no es un reino temporal, es un Reino de verdad y de vida, de santidad, de gracia, de amor y de paz.
Y como Reina y Madre del Rey, María es coronada en sus imágenes- según costumbre de la Iglesia- para simbolizar de este modo, el dominio y poder que tiene sobre todos los súbditos de su reino.
Vamos a pedirle hoy a Dios que nos ha dado como madre y como reina a la Madre de Cristo, que nos conceda que protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria que les tiene preparada a todos los hijos en el reino de los cielos
El relato de la Anunciación que se lee en el Evangelio de hoy es la crónica de la vocación de María.
Dios, llegado el momento de culminar su programa de salvación, busca una persona obediente para entrar en el mundo de los hombres.
María no comprende cómo puede ella entrar en el plan que Dios tiene, siendo virgen. Su maternidad no será su opción personal, sino que será decisión de Dios, que ella acepta como “sierva”.
Dios entra en el mundo, a través del seno de una mujer obediente; no hay otro modo de recibir en la propia vida a Dios ni de permitirle que cumpla en nuestro mundo sus proyectos de salvación. Donde haya obedientes, a costa de lo que sea, Dios encontrará una puerta, la oportunidad, para hacerse uno de los nuestros, hombre a nuestra imagen. Y en donde le sea posible encarnarse a Dios, allí habrá salvación.
María, sin comprender las consecuencias del proyecto que Dios alimentaba sobre su vida, aceptó todas sus exigencias, como “sierva”, al servicio exclusivo de ese Dios, ejecutora fiel de su voluntad.
María venció el pecado con su obediencia. Dios encontró en María una creatura dispuesta a hacer su querer, confiada enteramente a su voluntad, hasta el extremo de renunciar a pedirle explicaciones o ponerle condiciones; sierva siempre y sólo esclava, Dios la convirtió en madre virgen, mujer inmaculada y Reina.
Los términos Reina y Señora, aplicados a María, no son una metáfora. Con esos términos designamos una verdadera preeminencia y una auténtica dignidad y potestad en los cielos y en la tierra de nuestra Madre.
María, por ser Madre del Rey, es verdadera y propiamente Reina, encontrándose en la cima de la creación.
Ella es la “primera” persona humana del universo. Ella tiene tal plenitud de inocencia y santidad que no se puede concebir otra mayor después de Dios, y , fuera de Dios, nadie podrá jamás comprender.
Pero celebrar hoy a María como Reina, limitándonos a admirar, una vez más, a María, no tendría sentido si no nos dejáramos penetrar por su hazaña y no pusiéramos nuestro corazón en la manos de Dios, al servicio de su querer.
Nuestro agradecimiento a Dios por María y nuestra alegría por ser ella Reina de la Creación entera, será real sólo si nos empeñamos en imitar la obediencia de María a la voluntad de Dios, para que Cristo Rey y María Reina, puedan verdaderamente reinar en nuestro corazón y en nuestro ambiente.

Canten hoy, pues nacéis vos,
los ángeles, gran Señora,
y, ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.

Canten hoy, pues a ser vienen
nacida su Reina bella,
que el fruto que esperan de ella
es por quien la gracia tienen.
Digan, Señora, de vos,
que habéis de ser su Señora,
y, ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.

Pues de aquí a catorce años,
que en buena hora cumpláis,
verán el bien que nos dáis,
remedio de tantos daños.
Canten y digan, por vos,
que desde hoy tienen Señora,
y, ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.

Y nosotros, que esperamos
que llegue pronto Belén,
preparamos también
el corazón y las manos.
Vete sembrando, Señora,
de paz nuestro corazón,
y, ensayemos, desde ahora,
para cuando nazca Dios. Amén.

Himno de la Liturgia de las Horas

SANTORAL: Santa María Virgen, Reina
María, como reina, tiene un tratamiento artístico y teológico. Desde luego, los artistas le han dado el título de reina sin ningún reparo.
Imágenes románicas con la cabeza de la Virgen María coronada, son comunes. Los artístas han sido siempre muy generosos, porque les parecía normal que María fuera reina.
La liturgia tampoco se queda atras: "Alégrate, reina del cielo". Y en las letanías se la nombra reina de los ángeles, los patriarcas, los mártires y todos los santos. La teología ha discutido más pues es mas severa. Pero al fin de cuentas le han declarado reina pues es la madre del Rey, y esto le hace ser reina en el sentido propio y formal.
María consigue todas las gracias por vía de la plegaria. Pero su intercesión es tal que coincide con el derecho regio a todas las gracias y para todos los hombrea que han de recibirlas.
San Ildefonso de Toledo era el más artista y el más teólogo cuando se ponía a hablar de María: "Tu eres señora mía porque eres sierva de mi Señor. Eres reina mía porque eres la Madre de tu Señor".
San Ruperto de Deutz decía: "Esta es la reina, por ser la madre del rey coronado".

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