No os dejéis disuadir de participar en la Eucaristía dominical y ayudad también a los demás a descubrirla. Ciertamente, para que de esa emane la alegría que necesitamos, debemos aprender a comprenderla cada vez más profundamente, debemos aprender a amarla. Comprometámonos a ello, ¡vale la pena! Descubramos la íntima riqueza de la liturgia de la Iglesia y su verdadera grandeza: no somos nosotros los que hacemos fiesta para nosotros, sino que es, en cambio, el mismo Dios viviente el que prepara una fiesta para nosotros. Con el amor a la Eucaristía redescubriréis también el sacramento de la Reconciliación, en el cual la bondad misericordiosa de Dios permite siempre iniciar de nuevo nuestra vida.
Primera Parte: La Eucaristía, Misterio de Comunión
En la eucaristía celebramos con toda la comunidad la presencia de Jesús, a través de su palabra, pero especialmente en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, toda su persona, en forma íntegra por medio de la Santa Eucaristía. Él mismo se donó, dejándonos su Cuerpo y Sangre en las especies del Pan y Vino, es por ello entonces una gracia sin igual, el entrar en comunión con Cristo entero, por medio de la Comunión Eucarística (Mt. 26, 26-28). Es un encuentro Vital, que requiere la adhesión personal, ese Amén que es la fe profesada y expresada en mi apertura total a ese Jesús Vivo y Presente.
Esta comunión con Cristo, “exige” al cristiano la puesta en práctica de un estilo de vida propio del que se sabe y se dice en íntima unión con el Señor. Compromete el dar nueva forma a la vida de uno mismo, siguiendo el ejemplo del Maestro, “exige” por tanto una disposición a la conversión de la propia vida, según el Proyecto de Vida presentado por Voluntad del Padre. La comunión eucarística realizada en forma consciente y debidamente preparada, asegura un crecimiento de la unión vital con Él (Jesús Eucaristía) y una más plena participación en la Vida Trinitaria, haciéndonos crecer en la Caridad y al mismo tiempo una purificación progresiva de las secuelas que el pecado ha dejado en nuestro corazón, fortaleciéndonos para que seamos fieles a nuestra vocación bautismal.
En la Eucaristía está el poder que puede acelerar la marcha misteriosa de la humanidad “hasta colmarse de la total plenitud de Dios”, hasta alcanzar “la madurez de la plenitud de Cristo”, porque de Él todo “recibe unidad y cohesión...” de ahí que podemos afirmar que en la Eucaristía ya está realizada la plenitud del mundo. Por eso la Eucaristía es el centro vital del universo, el foco desbordante de amor y la fuente de vida inagotable de esta tierra.
La Eucaristía es el anticipo del banquete celestial ya inaugurado por Cristo, en espera de la consumación escatológica. Es así como entramos en comunión profunda, no sólo con nosotros mismos sino también con nuestros hermanos de la Iglesia triunfante del cielo, y se establece un vínculo solidario con los hermanos difuntos de la Iglesia que se estan purificando. Particularmente, entramos en íntima comunión con María, porque “María está presente con la Iglesia, y como Madre de la Iglesia, en todas nuestras celebraciones eucarísticas”.
Debemos descubrir el valor divino de aquello que nutre nuestra vida, debemos por tanto, vaciarnos de todo, para llenarnos de Él, el único valor que no pasa de moda. Quizás muchas veces no la comprendamos del todo, quizás a veces resulta monótona y aburrida, es importante entonces, tener en claro que uno no participa de la mesa del altar, por la amistad con el sacerdote, sino como respuesta a la invitación de Jesús, respondemos así con un Sí decidido, con el Amén.
Segunda Parte: Eucaristía y Reconciliación
Hay que tener siempre los ojos de la inteligencia y del espíritu para descubrir cuáles son los valores o antivalores que la sociedad, solapada, discreta o directamente nos está mostrando, o incentivando a vivirlos. “Que no se nos pase lo que nos pasa”, no debemos dejarnos arrastrar por la corriente, la conciencia crítica, iluminada por la luz del espíritu debe animar a despertarse y desde la propia vida, el propio testimonio, manifestar un nuevo estilo de vida, con un valor que muchas veces se menosprecia o se le es indiferente, y que no se ve, el Amor.
Jesús muestra que Él llama a su mesa también a los pecadores, significando que este es el lugar de la gran reconciliación. (Lc 15,11-32) En ella nos revela al “Padre pródigo” en misericordia, donde se descubre ese valor que muchas veces no se ve, se lo deja de lado o se lo “oculta” con tantas otras cosas, ese valor que es el Amor de Dios manifestado a sus hijos. El amor paternal de Dios, funda la filiación, restaura la fraternidad y convoca a la fiesta y alegría .
El evangelio es la Buena Noticia de la reconciliación en Cristo. Ese valor que no se ve, invita fundamentalmente a la reconciliación, si el pecado es alejamiento y desencuentro, la reconciliación es acercamiento y reencuentro. La salvación es reconciliación con Dios: superación de la enemistad y retorno a la comunión. Ante una sociedad desgarrada y en un mundo que parece dejarse llevar por caminos de autosalvación, la Iglesia proclama, celebra y practica la reconciliación como un Don del Amor gratuito y tierno de Dios.
Esta obra divina de reconciliación, realizada “en” Cristo mueve al discípulo a convertirse en apóstol de la reconciliación con Dios y con los hombres. La Iglesia es efecto e instrumento de la reconciliación ya realizada “en Cristo”; de ahí que es un pueblo reconciliado y una comunidad reconciliadora que debe “anunciar la palabra de la reconciliación” y ejercer el “misterio de la reconciliación” (2 Cor 5,18-19).
El encuentro con el Padre funda la reconciliación con los hermanos. La reconciliación filial sostiene, promueve y reclama la reconciliación fraterna (Mt 5,23-24).
La Eucaristía es el Pan de la reconciliación que restaura la comunión de amor, recrea los vínculos fraternos y mueve a iniciativas reconciliadoras para construir la amistad, la concordia, la unión y la paz. Por lo tanto celebrar la Eucaristía según la verdad de Cristo es vivir reconciliados. Puesto que en la Iglesia que adora a Jesús en la Eucaristía puede y debe haber lugar para todos. (Jn 17,21). Por eso toda comunidad cristiana es “unidad en la diversidad o diversidad reconciliada”.
Esta reconciliación desafía a un cambio radical de vida, a la conversión total de la persona. La Eucaristía es fuente del amor que une, “capaz de contribuir a la curación de las divisiones internas de los pueblos y sostener la convivencia social reconciliando a los ciudadanos”. En una nación en la que la honda fractura social hace muy difícil lograr consensos a favor del bien común, la Eucaristía, bien vivida, exige apremiantemente a la comunidad a convertirse en un verdadero “hogar de diálogo”.
La consigna de Jesús “¡Denles ustedes de comer!” asume así un nuevo significado: la Iglesia debe satisfacer el hambre de amor y unión sentando a los hermanos a la mesa de la reconciliación.
En íntima conexión con la Eucaristía, y en ordenación a ella, sacramento de reconciliación y comunión, la Iglesia destaca –entre tantos caminos pastorales al servicio de la paz – al sacramento de la misericordia, penitencia y perdón, llamado también Sacramento de la Reconciliación.
Este sacramento es la acción más significativa y eficaz que realiza la Iglesia al servicio de la reconciliación de los hombres con Dios y entre sí. Su fruto es un hombre pacificado con Dios, consigo mismo, con los demás, con la Iglesia, con toda la creación. Al recibir el perdón “nace nuevo e incontaminado un hombre reconciliado, un mundo reconciliado.
Tercera Parte: Eucaristía y Solidaridad.
La comunidad que se reúne a celebrar la Eucaristía, en su vivencia, debe preocuparse de que existan las cuatro características que modelaran a las primeras comunidades cristianas: La escucha de la Palabra de Dios, la explicación de los pastores, la oración elevada a Dios y el compartir los bienes, teniendo en cuenta especialmente a los mas necesitados (Hch. 2,42).
Una fe que no se expresa en obras, es una fe muerta dirá San Pablo, una comunión que no se exprese en gestos de solidaridad para con los hermanos, especialmente los mas necesitados, es una comunión que no ha sido fructífera, porque la gracia sólo puede transformar el mundo a través del corazón transformado y esa verdadera transformación del corazón hace que las relaciones humanas sean mas humanizantes. Lo primero que produce la Eucaristía, a partir de los corazones que reciben su gracia, es la comunión fraterna, la vida y los bienes compartidos (Hch. 2, 44-45).
Una cristiano que se alimente del Pan Eucarístico, estará alimentando en su corazón el espíritu de reconciliación y será instrumento del mismo Cristo, para acercar a los hermanos distantes hacia el reencuentro para con su Dios y sus hermanos. Es la Eucaristía, la que hace que todo aquél que la reciba, ya no viva para sí mismo, sino como miembros de un pueblo que “buscan activamente una patria fraterna y una sociedad solidaria”.
Así como el Pan que se transforma en Cuerpo de Cristo es el fruto mancomunado de muchas personas que trabajan con otros y para otros; el trabajo común genera el pan que se comparte en la mesa familiar y los bienes que enriquecen la sociedad civil. Es preciso tener en claro que sólo en la Eucaristía tiene su origen la entrega generosa al servicio de los demás, esto es lo que lo diferencia a la caridad cristiana de un simple asistensialismo.
El apóstol Pablo, fue quien veló constantemente en sus comunidades acerca de esta doble misión de la vivencia de “la cena del Señor”, la espiritual y la social, es decir, fe y vida siguiendo un mismo espíritu. Sería un error olvidar la dimensión social, eclesial de este Sacramento. (1 Cor. 10,17). El gesto solidario será el testimonio más coherente y claro de una verdadera y profunda comunión con Cristo y con su Cuerpo, la Iglesia. “Porque el corazón sólo se ha abierto verdaderamente a la acción de Jesús en la Eucaristía cuando de él brota el impulso al servicio, el deseo de hacer feliz a otro, la identificación con los mas necesitados, el amor compasivo, solidario y universal”.
Desde la tradición eclesial, los fieles se reúnen para ser alimentados con el Pan de la Palabra y con el Pan de la Eucaristía, y al mismo tiempo se presta especial atención a que ninguno carezca del pan material. En Argentina, un país tan rico en materia prima, no se puede olvidar a tantos hogares que carecen del alimento diario, el recibir a Cristo Eucarístico debe nutrir una “espiritualidad eucarística” que lleve a cada hogar cristiano, a compartir “el pan en sus casas” (Hch. 2,46). Cobra, en este contexto, fundamental importancia el mandato que Jesús nos hace hoy a nosotros, cristianos comprometidos, en comunión con Él, el “denles ustedes de comer” .
Esto exige del cristiano, que sepa hacerse uno con el pobre, a “imagen y semejanza” del mismo Cristo que supo anonadarse en la simple apariencia de Pan y Vino e identificándose con el oprimido y humillado( Mt. 25,40). La presencia de Cristo en la Eucaristía debe abrir los ojos de todos los creyentes para reconocer esa misma presencia real, del Dios Vivo, en los pobres, allí radica la fidelidad de la Iglesia, como “Esposa de Cristo” .
La Eucaristía debe ser comprendida y experimentada como escuela de amor al prójimo en la que aprendemos el servicio a Cristo presente en los pobres, débiles y sufrientes. El Pan del Amor, Cristo Eucarístico, llevan a hacer una la devoción eucarística con la solidaridad fraterna, esto se destaca ya desde las primeras comunidades Cristianas (Hch. 2). Es así como debemos crear una comunidad que sea “casa y escuela de comunión”, Iglesia que nace de la Eucaristía, para los excluidos, olvidados y marginados de nuestra Patria. La comunión eucarística, para quien la recibe bien dispuesto, es el alimento de una “espiritualidad de comunión” que transfigura las inclinaciones mas profundas del corazón, abriéndolo sinceramente para acoger al pobre.
En la eucaristía celebramos con toda la comunidad la presencia de Jesús, a través de su palabra, pero especialmente en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, toda su persona, en forma íntegra por medio de la Santa Eucaristía. Él mismo se donó, dejándonos su Cuerpo y Sangre en las especies del Pan y Vino, es por ello entonces una gracia sin igual, el entrar en comunión con Cristo entero, por medio de la Comunión Eucarística (Mt. 26, 26-28). Es un encuentro Vital, que requiere la adhesión personal, ese Amén que es la fe profesada y expresada en mi apertura total a ese Jesús Vivo y Presente.
Esta comunión con Cristo, “exige” al cristiano la puesta en práctica de un estilo de vida propio del que se sabe y se dice en íntima unión con el Señor. Compromete el dar nueva forma a la vida de uno mismo, siguiendo el ejemplo del Maestro, “exige” por tanto una disposición a la conversión de la propia vida, según el Proyecto de Vida presentado por Voluntad del Padre. La comunión eucarística realizada en forma consciente y debidamente preparada, asegura un crecimiento de la unión vital con Él (Jesús Eucaristía) y una más plena participación en la Vida Trinitaria, haciéndonos crecer en la Caridad y al mismo tiempo una purificación progresiva de las secuelas que el pecado ha dejado en nuestro corazón, fortaleciéndonos para que seamos fieles a nuestra vocación bautismal.
En la Eucaristía está el poder que puede acelerar la marcha misteriosa de la humanidad “hasta colmarse de la total plenitud de Dios”, hasta alcanzar “la madurez de la plenitud de Cristo”, porque de Él todo “recibe unidad y cohesión...” de ahí que podemos afirmar que en la Eucaristía ya está realizada la plenitud del mundo. Por eso la Eucaristía es el centro vital del universo, el foco desbordante de amor y la fuente de vida inagotable de esta tierra.
La Eucaristía es el anticipo del banquete celestial ya inaugurado por Cristo, en espera de la consumación escatológica. Es así como entramos en comunión profunda, no sólo con nosotros mismos sino también con nuestros hermanos de la Iglesia triunfante del cielo, y se establece un vínculo solidario con los hermanos difuntos de la Iglesia que se estan purificando. Particularmente, entramos en íntima comunión con María, porque “María está presente con la Iglesia, y como Madre de la Iglesia, en todas nuestras celebraciones eucarísticas”.
Debemos descubrir el valor divino de aquello que nutre nuestra vida, debemos por tanto, vaciarnos de todo, para llenarnos de Él, el único valor que no pasa de moda. Quizás muchas veces no la comprendamos del todo, quizás a veces resulta monótona y aburrida, es importante entonces, tener en claro que uno no participa de la mesa del altar, por la amistad con el sacerdote, sino como respuesta a la invitación de Jesús, respondemos así con un Sí decidido, con el Amén.
Segunda Parte: Eucaristía y Reconciliación
Hay que tener siempre los ojos de la inteligencia y del espíritu para descubrir cuáles son los valores o antivalores que la sociedad, solapada, discreta o directamente nos está mostrando, o incentivando a vivirlos. “Que no se nos pase lo que nos pasa”, no debemos dejarnos arrastrar por la corriente, la conciencia crítica, iluminada por la luz del espíritu debe animar a despertarse y desde la propia vida, el propio testimonio, manifestar un nuevo estilo de vida, con un valor que muchas veces se menosprecia o se le es indiferente, y que no se ve, el Amor.
Jesús muestra que Él llama a su mesa también a los pecadores, significando que este es el lugar de la gran reconciliación. (Lc 15,11-32) En ella nos revela al “Padre pródigo” en misericordia, donde se descubre ese valor que muchas veces no se ve, se lo deja de lado o se lo “oculta” con tantas otras cosas, ese valor que es el Amor de Dios manifestado a sus hijos. El amor paternal de Dios, funda la filiación, restaura la fraternidad y convoca a la fiesta y alegría .
El evangelio es la Buena Noticia de la reconciliación en Cristo. Ese valor que no se ve, invita fundamentalmente a la reconciliación, si el pecado es alejamiento y desencuentro, la reconciliación es acercamiento y reencuentro. La salvación es reconciliación con Dios: superación de la enemistad y retorno a la comunión. Ante una sociedad desgarrada y en un mundo que parece dejarse llevar por caminos de autosalvación, la Iglesia proclama, celebra y practica la reconciliación como un Don del Amor gratuito y tierno de Dios.
Esta obra divina de reconciliación, realizada “en” Cristo mueve al discípulo a convertirse en apóstol de la reconciliación con Dios y con los hombres. La Iglesia es efecto e instrumento de la reconciliación ya realizada “en Cristo”; de ahí que es un pueblo reconciliado y una comunidad reconciliadora que debe “anunciar la palabra de la reconciliación” y ejercer el “misterio de la reconciliación” (2 Cor 5,18-19).
El encuentro con el Padre funda la reconciliación con los hermanos. La reconciliación filial sostiene, promueve y reclama la reconciliación fraterna (Mt 5,23-24).
La Eucaristía es el Pan de la reconciliación que restaura la comunión de amor, recrea los vínculos fraternos y mueve a iniciativas reconciliadoras para construir la amistad, la concordia, la unión y la paz. Por lo tanto celebrar la Eucaristía según la verdad de Cristo es vivir reconciliados. Puesto que en la Iglesia que adora a Jesús en la Eucaristía puede y debe haber lugar para todos. (Jn 17,21). Por eso toda comunidad cristiana es “unidad en la diversidad o diversidad reconciliada”.
Esta reconciliación desafía a un cambio radical de vida, a la conversión total de la persona. La Eucaristía es fuente del amor que une, “capaz de contribuir a la curación de las divisiones internas de los pueblos y sostener la convivencia social reconciliando a los ciudadanos”. En una nación en la que la honda fractura social hace muy difícil lograr consensos a favor del bien común, la Eucaristía, bien vivida, exige apremiantemente a la comunidad a convertirse en un verdadero “hogar de diálogo”.
La consigna de Jesús “¡Denles ustedes de comer!” asume así un nuevo significado: la Iglesia debe satisfacer el hambre de amor y unión sentando a los hermanos a la mesa de la reconciliación.
En íntima conexión con la Eucaristía, y en ordenación a ella, sacramento de reconciliación y comunión, la Iglesia destaca –entre tantos caminos pastorales al servicio de la paz – al sacramento de la misericordia, penitencia y perdón, llamado también Sacramento de la Reconciliación.
Este sacramento es la acción más significativa y eficaz que realiza la Iglesia al servicio de la reconciliación de los hombres con Dios y entre sí. Su fruto es un hombre pacificado con Dios, consigo mismo, con los demás, con la Iglesia, con toda la creación. Al recibir el perdón “nace nuevo e incontaminado un hombre reconciliado, un mundo reconciliado.
Tercera Parte: Eucaristía y Solidaridad.
La comunidad que se reúne a celebrar la Eucaristía, en su vivencia, debe preocuparse de que existan las cuatro características que modelaran a las primeras comunidades cristianas: La escucha de la Palabra de Dios, la explicación de los pastores, la oración elevada a Dios y el compartir los bienes, teniendo en cuenta especialmente a los mas necesitados (Hch. 2,42).
Una fe que no se expresa en obras, es una fe muerta dirá San Pablo, una comunión que no se exprese en gestos de solidaridad para con los hermanos, especialmente los mas necesitados, es una comunión que no ha sido fructífera, porque la gracia sólo puede transformar el mundo a través del corazón transformado y esa verdadera transformación del corazón hace que las relaciones humanas sean mas humanizantes. Lo primero que produce la Eucaristía, a partir de los corazones que reciben su gracia, es la comunión fraterna, la vida y los bienes compartidos (Hch. 2, 44-45).
Una cristiano que se alimente del Pan Eucarístico, estará alimentando en su corazón el espíritu de reconciliación y será instrumento del mismo Cristo, para acercar a los hermanos distantes hacia el reencuentro para con su Dios y sus hermanos. Es la Eucaristía, la que hace que todo aquél que la reciba, ya no viva para sí mismo, sino como miembros de un pueblo que “buscan activamente una patria fraterna y una sociedad solidaria”.
Así como el Pan que se transforma en Cuerpo de Cristo es el fruto mancomunado de muchas personas que trabajan con otros y para otros; el trabajo común genera el pan que se comparte en la mesa familiar y los bienes que enriquecen la sociedad civil. Es preciso tener en claro que sólo en la Eucaristía tiene su origen la entrega generosa al servicio de los demás, esto es lo que lo diferencia a la caridad cristiana de un simple asistensialismo.
El apóstol Pablo, fue quien veló constantemente en sus comunidades acerca de esta doble misión de la vivencia de “la cena del Señor”, la espiritual y la social, es decir, fe y vida siguiendo un mismo espíritu. Sería un error olvidar la dimensión social, eclesial de este Sacramento. (1 Cor. 10,17). El gesto solidario será el testimonio más coherente y claro de una verdadera y profunda comunión con Cristo y con su Cuerpo, la Iglesia. “Porque el corazón sólo se ha abierto verdaderamente a la acción de Jesús en la Eucaristía cuando de él brota el impulso al servicio, el deseo de hacer feliz a otro, la identificación con los mas necesitados, el amor compasivo, solidario y universal”.
Desde la tradición eclesial, los fieles se reúnen para ser alimentados con el Pan de la Palabra y con el Pan de la Eucaristía, y al mismo tiempo se presta especial atención a que ninguno carezca del pan material. En Argentina, un país tan rico en materia prima, no se puede olvidar a tantos hogares que carecen del alimento diario, el recibir a Cristo Eucarístico debe nutrir una “espiritualidad eucarística” que lleve a cada hogar cristiano, a compartir “el pan en sus casas” (Hch. 2,46). Cobra, en este contexto, fundamental importancia el mandato que Jesús nos hace hoy a nosotros, cristianos comprometidos, en comunión con Él, el “denles ustedes de comer” .
Esto exige del cristiano, que sepa hacerse uno con el pobre, a “imagen y semejanza” del mismo Cristo que supo anonadarse en la simple apariencia de Pan y Vino e identificándose con el oprimido y humillado( Mt. 25,40). La presencia de Cristo en la Eucaristía debe abrir los ojos de todos los creyentes para reconocer esa misma presencia real, del Dios Vivo, en los pobres, allí radica la fidelidad de la Iglesia, como “Esposa de Cristo” .
La Eucaristía debe ser comprendida y experimentada como escuela de amor al prójimo en la que aprendemos el servicio a Cristo presente en los pobres, débiles y sufrientes. El Pan del Amor, Cristo Eucarístico, llevan a hacer una la devoción eucarística con la solidaridad fraterna, esto se destaca ya desde las primeras comunidades Cristianas (Hch. 2). Es así como debemos crear una comunidad que sea “casa y escuela de comunión”, Iglesia que nace de la Eucaristía, para los excluidos, olvidados y marginados de nuestra Patria. La comunión eucarística, para quien la recibe bien dispuesto, es el alimento de una “espiritualidad de comunión” que transfigura las inclinaciones mas profundas del corazón, abriéndolo sinceramente para acoger al pobre.
ALGUNAS NORMAS SOBRE LA EUCARISTIA
VI. No se puede hacer ni recibir la Eucaristía sino en ayuno natural. —398. Más no por eso sea lícito hacer o recibir la Eucaristía después de haber tomado alguna cosa de comida o bebida. Porque la santa costumbre introducida por los Apóstoles, según lo afirman escritores antiguos, y perpetuamente retenida y observada en la Iglesia, es que sólo se reciba por los que están en ayunas. (1)
VII. La Eucaristía es verdadero Sacramento. —399. Explicada ya la naturaleza y propiedad del nombre, se ha de enseñar que la Eucaristía es verdadero Sacramento, y uno de los siete que siempre ha adorado y venerado religiosamente la Santa Iglesia. Porque cuando se hace la consagración del Cáliz se llama misterio de fe. Además de esto, omitiendo casi infinitos testimonios de escritores sagrados que en todos tiempos fueron de sentir que debía contarse la Eucaristía por: uno de los siete sacramentos, la misma razón naturaleza del Sacramento demuestra esta verdad. Porque en él hay señales exteriores y sensibles, significa también la gracia y virtud para causarla, y que Cristo la instituyera no nos dejan motivo de dudarlo ni los Evangelistas (2), ni el Apóstol. Concurriendo, pues, todas estas cosas para, confirmar la verdad de este Sacramento, es claro que no son necesarias otras pruebas,
VIII. En la Eucaristía hay muchas cosas a las cuales conviene el nombre de Sacramento. -400. Pero deben observar con cuidado los Pastores que hay muchas cosas en este misterio a las cuales los Escritores sagrados dieron alguna vez el nom bre de Sacramento. Porque unas veces llamaron Sacramento a la consagración y percepción, y otras muchas también al mismo Cuerpo y Sangre del Señor contenidos en la Eucaristía. Así dice San Agustín: "Este Sacramento consta de dos cosas que son la especie visible de los elementos, y la carne y sangre invisible del mismo Señor nuestro Jesucristo", al modo que decimos también que ha de ser adorado este Sacramento, entendiendo el Cuerpo y Sangre del Señor. Pero es manifiesto que todas estas cosas impropiamente se llaman Sacramento. A las especies de pan y vino conviene con propiedad y verdad este nombre.
IX. Cómo se diferencia la Eucaristía de los de más Sacramentos. —401. Cuán diferente sea este Sacramento de los demás, fácilmente se puede conocer. Porque los demás Sacramentos se hacen cuando usamos de la materia, esto es, cuando los administramos a alguno, como el Sacramento del Bautismo, entonces tiene el ser de Sacramento cuando efectivamente se echa a alguno el agua. Mas para hacer enteramente el Sacramento de la Eucaristía, basta la consagración (3), y aunque se guarde en el Sagrario, no deja de ser Verdadero Sacramento.402. Además, cuando se hacen los otros Sacramentos, no se muda la materia o elemento en otra substancia; porque el agua en el Bautismo o el Crisma en la Confirmación, agua y Crisma se quedan cuando estos Sacramentos se administran, pero en la Eucaristía lo que antes de la consagración era pan y vino, después de Consagrado es verdaderamente substancia del Cuerpo y Sangre de Cristo.
X. Las dos materias de la Eucaristía, no hacen dos Sacramentos. —403. Mas aunque sean dos los elementos de que se compone enteramente el Sacramento de la Eucaristía, que son el pan y el vino, con todo no son dos los Sacramentos, sino uno solo, como lo confesamos instruidos por la autoridad de la Iglesia. De otra manera no serían siete los Sacramentos, según nos lo enseña la perpetua tradición, y lo definieron los Concilios de Letrán, Florencia y Tridentino. Porque como se hace un cuerpo místico por la gracia de este Sacramento, para que el mismo Sacramento corresponda a lo que obra, conviene que sea uno, y uno a la verdad, no porque lo sea indivisiblemente, sino porque significa una sola cosa. Porque así como la comida y bebida, aunque sean cosas diversas, sólo se toman para una, que es reparar las fuerzas del cuerpo, así también fué muy conforme que las dos diversas especies del Sacramento, las cuales significan el alimento espiritual con el que se mantienen y recrean las almas, correspondiesen a las otras dos de la comida y bebida que sustentan el cuerpo. Por esto dijo el Señor: "Mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre verdaderamente bebida" (4). Pero debe explicarse con cuidado qué es lo que significa el Sacramento de la Eucaristía, para que los fieles viendo con los ojos del cuerpo los sagrados misterios, alimenten su alma con la contemplación de las cosas divinas.
XI. Qué cosas se significan por este Sacramento. —404. Tres con las cosas que se significan por este Sacramento. La primera, la pasión de Cristo Señor nuestro ya pasada, pues el mismo Señor dijo: "Haced esto en memoria de mi" (5). Y el Apóstol nos dice: "Cuantas veces comiereis este pan y bebiereis este Cáliz, anunciaréis la muerte del Señor, hasta que venga" (6).405. La segunda es la gracia divina que se da de presente en este Sacramento, para mantener y sustentar el alma. Porque así como por el Bautismo somos reengendrados a nueva vida, y fortalecidos con la Confirmación para poder resistir al demonio y confesar a cara descubierta el nombre de Cristo, así somos mantenidos y alimentados por el Sacramento de la Eucaristía.406. La tercera es la que anuncia para lo venidero la gloria y suavidad eterna que por promesa de Dios recibiremos en la patria celestial. Estas tres cosas, que sin duda se distinguen entre sí por la diversidad de los tiempos pasado, presente y venidero, se declaran tan perfectamente en estos sagrados misterios, que todo el Sacramento, si bien consta de diversas especies, se ordena a significar cada una de ellas, como si estuviera des-tinada a significar una sola.
XII. Cuál es la materia de este Sacramento, y qué pan, puede consagrarse. —407. Pero lo primero que deben conocer los Pastores es cuál sea la materia de este Sacramento, así para que ellos puedan consagrarla legítimamente, como para que enseñen a los fieles su significado, y se inflamen en amor y deseo de la cosa significada. Dos son, pues, las materias de este Sacramento: la una el pan de trigo (7), de que se tratará primeramente; de la otra se hablará después. Porque como enseñan los Evangelistas San Mateo, San Marcos y San Lucas, Cristo Señor nuestro tomó el pan en sus manos, lo bendijo y partió diciendo: "Este es mi Cuerpo". En San Juan el mismo Señor se llamó pan a sí mismo, diciendo: "Yo soy pan vivo que bajé del cielo". Mas como hay muchos géneros de pan, o por diferenciarse en la materia, porque uno es de trigo, otro de cebada y otros de otras semillas, o por ser de distintas calidades, porque a uno ponen levadura y otro hacen sin ella, por lo que pertenece a lo primero, muestran las palabras del Salvador que el pan debe ser hecho de trigo. Porque en el modo ordinario de hablar, cuando absolutamente se dice pan, es claro que se entiende pan de trigo. Y esto también se declara por la figura del Testamento antiguo, pues estaba mandado por el Señor (8) que los panes de la proposición, que significaban este Sacramento, se hiciesen de la flor de la harina.
XIII. Es conveniente que el pan de que se hace la Eucaristía sea ácimo. —408. Así como ningún pan sino el de trigo debe tenerse por materia vá lida de este Sacramento (porque así lo enseña la tradición Apostólica, y lo confirma la autoridad de la Iglesia), así también entendemos por lo que hizo el Señor, que debe ser ácimo. Porque él hizo e instituyó este Sacramento el primer día de los ácimos (9) en el cual no era lícito (10) a los judíos tener en casa pan con levadura.409. Y si objetare alguno la autoridad de San Juan Evangelista, quien dice que todas estas cosas fueron hechas antes del día solemne de Pascua, fácilmente se puede deshacer este reparo. Porque el día que los demás Evangelistas llamaron el primero de los ácimos, por cuanto las, solemnidades de los ácimos empezaban el jueves al anochecer, en el cual tiempo celebró la Pascua nuestro Salvador, a ese mismo día llamó San Juan día antes de la Pascua, por haber juzgado que debía señalarse principalmente ese día por su espacio natural, que empezó al salir el sol. Y por esto San Crisóstomo entiende también por el primer día de los ácimos aquel en cuya tarde debían los ácimos comerse. Y a más de esto cuán conveniente sea la consagración del pan sin levadura a la integridad y limpieza del alma con que deben los fieles llegar a este Sacramento, el Apóstol lo señala cuando dice: "Echad fuera la levadura antigua, para que seáis una masa nueva, como que sois panes sin levadura. Porque Jesucristo, que es nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado. Por tanto, celebremos la fiesta, no con levadura antigua, ni con levadura de malicia y de corrupción, sino con los panes ácimos de la sinceridad y de la verdad" (11).
Notas y comentarios:
(1) Para comulgar, hay que guardar el ayuno natural, excepto en peligro de muerte o para impedir que sea profanado el Santísimo Sacramento. El Código de Derecho canónico nada dice de la comunión pascual que comúnmente los autores exceptuaban de la ley del ayuno tratándose de enfermos que no estaban obligados a guardar cama y que no podían observarlo sin grave incomodidad. Los enfermos que hace ya un mes qué guardan cama sin esperanza cierta de pronto restablecimiento, pueden comulgar, según consejo del confesor, una o dos veces por semana, aunque hayan tomado antes medicina o algún alimento líquido. El Código no distingue entre los que tienen oratorio en casa y los que no lo tienen, como hacía la antigua disciplina. Nada dice tampoco de los enfermos que pueden salir de casa; lo que respecto de ellos se resuelva, depende del sentido que se dé a la frase usada por el Código: iam a menee decumbunt; si significa estrictamente guardar cama, es ciare que no quedan comprendidos los que pueden salir de caza; pero si significa estar enfermos, prescindiendo de si guardan cama, pueden estar en una silla o andar por la calle, entonces quedan incluidos en este canon todos los enfermos.
(2) Mientras estaban cenando, tomó Jesús el pan, y lo bendijo, y partió, y dióselo a sus discípulos, diciendo: Tomad, y comed: este es mi cuerpo". Mateo, XXVI, 26. "Durante la mesa, tomó Jesús pan: y bendiciéndolo lo partió, y dióselo, y les dijo: Tromad, este es mi cuerpo". Marc., XIV, 22. "Después de acabada la cena, temó el pan, dió de nuevo gracias, lo partió, y dióselo diciendo: Este es mi cuerpo, el cual se da por vosotros: haced esto en memoria mía". Luc., XXII, I9. "Tomó el pan, y dando gracias, lo partió, y dijo: Tomad, y comed: Este es mi cuerpo, que por vosotros será entregado: haced esto en memoria mía. Y de la misma manera el cáliz; después de haber cenado, diciendo: Este cáliz es el nuevo testamento en mi sangre: haced esto cuantas veces lo bebiereis, en memoria mía". I, Corint., XI, 24, 25.
(3) "Es común por cierto a la Santísima Eucaristía con los demás Sacramentos, ser símbolo o significación de una cosa sagrada, y forma o señal visible de la grada invisible; no obstante se halla en él la excelencia y sin, gularidad de que los demás Sacramentos entonces comienzan a tener la eficacia cuando alguno usa de ellos; mas en la Eucaristía existe el mismo Autor de la santidad antes de comunicarse, pues aun no habían recibido los Apóstoles la Eucaristía de mano del Señor, cuando él mismo afirmó con toda verdad, que lo que les daba era su cuerpo. Y siempre ha existido en la Iglesia de Dios esta fe, de que inmediatamente después de la consagración, existe bajo las especies de pan y vino el verdadero cuerpo de nuestro Señor, y su verdadera sangre, junta-mente con su alma y divinidad. El cuerpo por cierto bajo la especie de pan, y la sangre bajo la especie de vino, en virtud de las palabras ; mas el mismo cuerpo bajo la especie de vino, y la sangre bajo la de pan, y el alma bajo las dos, en fuerza de aquella natural conexión y concomitancia, por la que están unidas entre sí las partes de nuestro Señor Jesucristo, que ya resucitó de entre los muertos para no volver a morir ; y la divinidad por aquella su admirable unión hipostática con el cuerpo y- con el alma. Por esta causa es certísimo que se contiene tanto bajo cada una de las dos especies, como bajo de ambas juntas; pues existe Cristo todo y entero bajo las especies de pan, y bajo cualquiera parte de esta espede: y todo también existe bajo la especie de vino y de sus partes". Cap. III, ses. XIII, Cene. Trident. Celebrada el día 11 de octubre 1551.
(4) "Caro mea vere est cibus, et Sanguis meus vere est potus". Joan, VI, 56.
(5) "Hoc facite in meam commemorationem". Luc., XXII, 19.
(6) "Quotiescumque manducabais panem hunc, et Calicem bibetis, mortem. Domini annuntiabitis, dones veniat". I, Corint., XI, 26.
(7) "Con el ácimo o pan fermentado de trigo, verdaderamente se confecciona el Cuerpo de Cristo; y los sacerdotes , deben confeccionar el Cuerpo del Señor en uno de esos dos panes, cada uno según el rito de su Iglesia, ya occidental u oriental". Ex decret. pro Gratis. Conc. Florent. " La materia de la Eucaristía es el pan de trigo". Ex decret. pro Armeniis. Publicado el día 22 de noviembre de 1439."En lo relativo a la Eucaristía, así daréis gracias: primeramente del cáliz: Dámoste gracias, Padre nuestro, por la santa vid de David tu servidor, que nos indicaste por Jesús tu Hijo ; gloria a ti en los siglos". Ex doct. Duedec. Apost. Escrita durante los años 80-90. En la Apología del mártir San Justino escrita entre los años 150-155, leemos lo que sigue: "Después el que preside lleva a los hermanos el pan, y la bebida de agua y vino; los cuales recibidos da alabanza y gloria al Padre del universo en nombre del Hijo y del Espíritu Santo, y largamente da gracias por los dones recibidos de él. Después que termina las preces y acción de gracias, y todo el pueblo ha aclamado; aquellos que entre nosotros se llaman diáconos distribuyen el pan, vino y agua a cada uno de los presentes y también llevan a los ausentes". "¿Quién más sacerdote del Dios supremo que nuestro Señor Jesucristo, el cual ofreció sacrificio a Dios Padre, y ofreció aquel mismo que había ofrecido Melquisedec, esto es el pan y vino, a saber su cuerpo y sangre? Ex Sanct. Cypriano, epist. 63. "Así como Melquisedec que era sacerdote de los gentiles jamás se ve que haya ejecutado sacrificios corporales, sino solamente vino y pan, así en verdad primeramente nuestro Señor y Salvador y después los sacerdotes que partiendo de él han ido a todos os pueblos, ejerciendo un cargo espiritual según las sanciones eclesiásticas, con el vino y el pan representan los misterios de su cuerpo y sangre saludable, cuyos misterios en verdad Melquisedec tanto antes había conocido por el Espíritu divino, y había usado con las imágenes de cosas futuras." Ex S. Euseb. Caesarien. Demonstr. Evang. n. 3. "Tomó Jesús Señor nuestro en las manos vino en el principio y pan, le bendijo, signó y santificó en nombre del Padre, y en el nombre del Espíritu, le partió y distribuyó a sus discípulos menudamente siendo propicia su bondad; al pan llamó su cuerpo vivo, y le llenó de si mismo y del Espíritu; y extendiendo la mano dió pan a los que con su diestra había santificado: "Re cibid, comed todos de esto que ha santificado mi pala bra. " Lo que ahora os he dado, no penséis que es pan, tomad, comed de este pan, ni piséis mis migas; lo que he llamado mi cuerpo, lo es en verdad. Una partícula de sus migas puede santificar a mil millones, y es suficiente para dar la vida a todos los que la comen. Tomad, comed con fe, nada dudando, porque éste es mi cuerpo y quien le come con fe, come con él, el fuego y el espíritu; si alguno le come dudando, se convierte para él en simple pan, mas quien come con fe el pan santificado con mi nombre, si es puro, se conserva, si pecador, s perdonado. Mas quien le desprecia, o injuria, tenga por cierto que desprecia al Hijo, el cual le llamó y realmente le hizo su cuerpo." Ex S. Ephraem. Sermones in hebdomada sancta. n. 4. Vivió por los años 306-373."Verás a los levitas llevando los panes y el cáliz del vino, depositándoles en la mesa. Y mientras las preces e invocaciones aun no están terminadas, nada sino pan y vino se halla. Mas después que las excelentes y admirables preces hayan sido terminadas, entonces el pan se hace cuerpo, y el cáliz la sangre de Nuestro Señor Jesucristo." Ex S. Athanasio. Fragmentum apud Eutychum. Vivió S. Atanasio por los años 295-373."Así como el pan y vino de la Eucaristía antes de la invocación santa de la adorable Trinidad era puro pan y vino, y terminada la invocación, el pan se hace Cuerpo de Cristo y el vino Sangre de Cristo ; así los mismos manjares pertenecientes a la pompa de Satanás, siendo por su naturaleza puros y comunes manjares, con la invocación de los demonios se vuelven profanos y despreciables."Ex S. Cyrillo Hierosol. Mystagogica I."El pan de nuevo es pan en el principio de la comunión; mas luego que el misterio le haya sacrificado, se dice y hace Cuerpo de Cristo. "Ex S. Gregorio Nysseno. Oratio in diem luminum. Vivió S. Gregorio Niseno por los años 335-394."Antes de ser consagrado, es pan mas luego que se añaden las palabras de Cristo, queda Cuerpo de Cristo." Ex S. Ambrosio. De Sacramentis. n. 23."Debéis saber lo que habéis recibido, lo que habéis de recibir, y qué es lo que cada día debáis recibir. Aquel pan que véis en el altar, santificado por la palabra de Dios, es el Cuerpo de Cristo." Ex S. Augustino Sermo 227. Vivió S. Agustín por los años 354-430."Lo que véis, es pan y cáliz, lo cual también os demuestran vuestros ojos; pero lo que os enseña vuestra fe, es que el pan es Cuerpo de Cristo, y el cáliz la sangre de Cristo. " Ex S. Augustino. Sermo 227."Cuando se ponen en los sagrados altares las criaturas que han de ser bendecidas con palabras celestiales, antes que sean consagradas con la invocación del santo nombre, hay allí la sustancia del pan y del vino, mas después de las palabras, el Cuerpo de Cristo y la sangre de Cristo. ¿Qué tiene de admirable el que quien pudo crear con la palabra, pueda con la palabra convertir lo creado." Ex S. Caesario Arelat. Hom. 5. De pashate.
(8) "Recibirás también harina floreada y harás cocer doce panes hechos de ella, que tendrán cada uno dos décimas de un efi. De los cuales colocarás seis en un lado y seis en otro ante el Señor, sobre la mesa limpísima." Levitico XXIV, 5, 6.
(9) "El primer día, pues, de los Acimos en que sacrificaban el cordero pascual, dícenle sus discípulos: ¿A dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de la Pascua?" Marc. XIV, 12."Llegó entretanto el día de los Ácimos, en el cual era necesario sacrificar el cordero pascual." Luc. XXII, 7.
(10) "Durante siete días no se hallará levadura en vuestras casas. Quien comiere pan con levadura, ora sea extranjero, ora sea natural del país, será borrada su alma del censo de Israel. Nada habéis de comer con levadura: usaréis de pan ácimo en todas vuestra casas. " Exod. XII, 19, 20.
(11) "Expurgate vetus fermentum, ut sitis nova cons pernio, sicut estis azymi. Etenim Pascha nostrum immolatus est Christus. Itaque epulemur, non in fermento veteri, neque in fermento malitiae et nequitiae, sed in azymis sinceritatis et veritatis." I, Corint., V, 7, 8.
VII. La Eucaristía es verdadero Sacramento. —399. Explicada ya la naturaleza y propiedad del nombre, se ha de enseñar que la Eucaristía es verdadero Sacramento, y uno de los siete que siempre ha adorado y venerado religiosamente la Santa Iglesia. Porque cuando se hace la consagración del Cáliz se llama misterio de fe. Además de esto, omitiendo casi infinitos testimonios de escritores sagrados que en todos tiempos fueron de sentir que debía contarse la Eucaristía por: uno de los siete sacramentos, la misma razón naturaleza del Sacramento demuestra esta verdad. Porque en él hay señales exteriores y sensibles, significa también la gracia y virtud para causarla, y que Cristo la instituyera no nos dejan motivo de dudarlo ni los Evangelistas (2), ni el Apóstol. Concurriendo, pues, todas estas cosas para, confirmar la verdad de este Sacramento, es claro que no son necesarias otras pruebas,
VIII. En la Eucaristía hay muchas cosas a las cuales conviene el nombre de Sacramento. -400. Pero deben observar con cuidado los Pastores que hay muchas cosas en este misterio a las cuales los Escritores sagrados dieron alguna vez el nom bre de Sacramento. Porque unas veces llamaron Sacramento a la consagración y percepción, y otras muchas también al mismo Cuerpo y Sangre del Señor contenidos en la Eucaristía. Así dice San Agustín: "Este Sacramento consta de dos cosas que son la especie visible de los elementos, y la carne y sangre invisible del mismo Señor nuestro Jesucristo", al modo que decimos también que ha de ser adorado este Sacramento, entendiendo el Cuerpo y Sangre del Señor. Pero es manifiesto que todas estas cosas impropiamente se llaman Sacramento. A las especies de pan y vino conviene con propiedad y verdad este nombre.
IX. Cómo se diferencia la Eucaristía de los de más Sacramentos. —401. Cuán diferente sea este Sacramento de los demás, fácilmente se puede conocer. Porque los demás Sacramentos se hacen cuando usamos de la materia, esto es, cuando los administramos a alguno, como el Sacramento del Bautismo, entonces tiene el ser de Sacramento cuando efectivamente se echa a alguno el agua. Mas para hacer enteramente el Sacramento de la Eucaristía, basta la consagración (3), y aunque se guarde en el Sagrario, no deja de ser Verdadero Sacramento.402. Además, cuando se hacen los otros Sacramentos, no se muda la materia o elemento en otra substancia; porque el agua en el Bautismo o el Crisma en la Confirmación, agua y Crisma se quedan cuando estos Sacramentos se administran, pero en la Eucaristía lo que antes de la consagración era pan y vino, después de Consagrado es verdaderamente substancia del Cuerpo y Sangre de Cristo.
X. Las dos materias de la Eucaristía, no hacen dos Sacramentos. —403. Mas aunque sean dos los elementos de que se compone enteramente el Sacramento de la Eucaristía, que son el pan y el vino, con todo no son dos los Sacramentos, sino uno solo, como lo confesamos instruidos por la autoridad de la Iglesia. De otra manera no serían siete los Sacramentos, según nos lo enseña la perpetua tradición, y lo definieron los Concilios de Letrán, Florencia y Tridentino. Porque como se hace un cuerpo místico por la gracia de este Sacramento, para que el mismo Sacramento corresponda a lo que obra, conviene que sea uno, y uno a la verdad, no porque lo sea indivisiblemente, sino porque significa una sola cosa. Porque así como la comida y bebida, aunque sean cosas diversas, sólo se toman para una, que es reparar las fuerzas del cuerpo, así también fué muy conforme que las dos diversas especies del Sacramento, las cuales significan el alimento espiritual con el que se mantienen y recrean las almas, correspondiesen a las otras dos de la comida y bebida que sustentan el cuerpo. Por esto dijo el Señor: "Mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre verdaderamente bebida" (4). Pero debe explicarse con cuidado qué es lo que significa el Sacramento de la Eucaristía, para que los fieles viendo con los ojos del cuerpo los sagrados misterios, alimenten su alma con la contemplación de las cosas divinas.
XI. Qué cosas se significan por este Sacramento. —404. Tres con las cosas que se significan por este Sacramento. La primera, la pasión de Cristo Señor nuestro ya pasada, pues el mismo Señor dijo: "Haced esto en memoria de mi" (5). Y el Apóstol nos dice: "Cuantas veces comiereis este pan y bebiereis este Cáliz, anunciaréis la muerte del Señor, hasta que venga" (6).405. La segunda es la gracia divina que se da de presente en este Sacramento, para mantener y sustentar el alma. Porque así como por el Bautismo somos reengendrados a nueva vida, y fortalecidos con la Confirmación para poder resistir al demonio y confesar a cara descubierta el nombre de Cristo, así somos mantenidos y alimentados por el Sacramento de la Eucaristía.406. La tercera es la que anuncia para lo venidero la gloria y suavidad eterna que por promesa de Dios recibiremos en la patria celestial. Estas tres cosas, que sin duda se distinguen entre sí por la diversidad de los tiempos pasado, presente y venidero, se declaran tan perfectamente en estos sagrados misterios, que todo el Sacramento, si bien consta de diversas especies, se ordena a significar cada una de ellas, como si estuviera des-tinada a significar una sola.
XII. Cuál es la materia de este Sacramento, y qué pan, puede consagrarse. —407. Pero lo primero que deben conocer los Pastores es cuál sea la materia de este Sacramento, así para que ellos puedan consagrarla legítimamente, como para que enseñen a los fieles su significado, y se inflamen en amor y deseo de la cosa significada. Dos son, pues, las materias de este Sacramento: la una el pan de trigo (7), de que se tratará primeramente; de la otra se hablará después. Porque como enseñan los Evangelistas San Mateo, San Marcos y San Lucas, Cristo Señor nuestro tomó el pan en sus manos, lo bendijo y partió diciendo: "Este es mi Cuerpo". En San Juan el mismo Señor se llamó pan a sí mismo, diciendo: "Yo soy pan vivo que bajé del cielo". Mas como hay muchos géneros de pan, o por diferenciarse en la materia, porque uno es de trigo, otro de cebada y otros de otras semillas, o por ser de distintas calidades, porque a uno ponen levadura y otro hacen sin ella, por lo que pertenece a lo primero, muestran las palabras del Salvador que el pan debe ser hecho de trigo. Porque en el modo ordinario de hablar, cuando absolutamente se dice pan, es claro que se entiende pan de trigo. Y esto también se declara por la figura del Testamento antiguo, pues estaba mandado por el Señor (8) que los panes de la proposición, que significaban este Sacramento, se hiciesen de la flor de la harina.
XIII. Es conveniente que el pan de que se hace la Eucaristía sea ácimo. —408. Así como ningún pan sino el de trigo debe tenerse por materia vá lida de este Sacramento (porque así lo enseña la tradición Apostólica, y lo confirma la autoridad de la Iglesia), así también entendemos por lo que hizo el Señor, que debe ser ácimo. Porque él hizo e instituyó este Sacramento el primer día de los ácimos (9) en el cual no era lícito (10) a los judíos tener en casa pan con levadura.409. Y si objetare alguno la autoridad de San Juan Evangelista, quien dice que todas estas cosas fueron hechas antes del día solemne de Pascua, fácilmente se puede deshacer este reparo. Porque el día que los demás Evangelistas llamaron el primero de los ácimos, por cuanto las, solemnidades de los ácimos empezaban el jueves al anochecer, en el cual tiempo celebró la Pascua nuestro Salvador, a ese mismo día llamó San Juan día antes de la Pascua, por haber juzgado que debía señalarse principalmente ese día por su espacio natural, que empezó al salir el sol. Y por esto San Crisóstomo entiende también por el primer día de los ácimos aquel en cuya tarde debían los ácimos comerse. Y a más de esto cuán conveniente sea la consagración del pan sin levadura a la integridad y limpieza del alma con que deben los fieles llegar a este Sacramento, el Apóstol lo señala cuando dice: "Echad fuera la levadura antigua, para que seáis una masa nueva, como que sois panes sin levadura. Porque Jesucristo, que es nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado. Por tanto, celebremos la fiesta, no con levadura antigua, ni con levadura de malicia y de corrupción, sino con los panes ácimos de la sinceridad y de la verdad" (11).
Notas y comentarios:
(1) Para comulgar, hay que guardar el ayuno natural, excepto en peligro de muerte o para impedir que sea profanado el Santísimo Sacramento. El Código de Derecho canónico nada dice de la comunión pascual que comúnmente los autores exceptuaban de la ley del ayuno tratándose de enfermos que no estaban obligados a guardar cama y que no podían observarlo sin grave incomodidad. Los enfermos que hace ya un mes qué guardan cama sin esperanza cierta de pronto restablecimiento, pueden comulgar, según consejo del confesor, una o dos veces por semana, aunque hayan tomado antes medicina o algún alimento líquido. El Código no distingue entre los que tienen oratorio en casa y los que no lo tienen, como hacía la antigua disciplina. Nada dice tampoco de los enfermos que pueden salir de casa; lo que respecto de ellos se resuelva, depende del sentido que se dé a la frase usada por el Código: iam a menee decumbunt; si significa estrictamente guardar cama, es ciare que no quedan comprendidos los que pueden salir de caza; pero si significa estar enfermos, prescindiendo de si guardan cama, pueden estar en una silla o andar por la calle, entonces quedan incluidos en este canon todos los enfermos.
(2) Mientras estaban cenando, tomó Jesús el pan, y lo bendijo, y partió, y dióselo a sus discípulos, diciendo: Tomad, y comed: este es mi cuerpo". Mateo, XXVI, 26. "Durante la mesa, tomó Jesús pan: y bendiciéndolo lo partió, y dióselo, y les dijo: Tromad, este es mi cuerpo". Marc., XIV, 22. "Después de acabada la cena, temó el pan, dió de nuevo gracias, lo partió, y dióselo diciendo: Este es mi cuerpo, el cual se da por vosotros: haced esto en memoria mía". Luc., XXII, I9. "Tomó el pan, y dando gracias, lo partió, y dijo: Tomad, y comed: Este es mi cuerpo, que por vosotros será entregado: haced esto en memoria mía. Y de la misma manera el cáliz; después de haber cenado, diciendo: Este cáliz es el nuevo testamento en mi sangre: haced esto cuantas veces lo bebiereis, en memoria mía". I, Corint., XI, 24, 25.
(3) "Es común por cierto a la Santísima Eucaristía con los demás Sacramentos, ser símbolo o significación de una cosa sagrada, y forma o señal visible de la grada invisible; no obstante se halla en él la excelencia y sin, gularidad de que los demás Sacramentos entonces comienzan a tener la eficacia cuando alguno usa de ellos; mas en la Eucaristía existe el mismo Autor de la santidad antes de comunicarse, pues aun no habían recibido los Apóstoles la Eucaristía de mano del Señor, cuando él mismo afirmó con toda verdad, que lo que les daba era su cuerpo. Y siempre ha existido en la Iglesia de Dios esta fe, de que inmediatamente después de la consagración, existe bajo las especies de pan y vino el verdadero cuerpo de nuestro Señor, y su verdadera sangre, junta-mente con su alma y divinidad. El cuerpo por cierto bajo la especie de pan, y la sangre bajo la especie de vino, en virtud de las palabras ; mas el mismo cuerpo bajo la especie de vino, y la sangre bajo la de pan, y el alma bajo las dos, en fuerza de aquella natural conexión y concomitancia, por la que están unidas entre sí las partes de nuestro Señor Jesucristo, que ya resucitó de entre los muertos para no volver a morir ; y la divinidad por aquella su admirable unión hipostática con el cuerpo y- con el alma. Por esta causa es certísimo que se contiene tanto bajo cada una de las dos especies, como bajo de ambas juntas; pues existe Cristo todo y entero bajo las especies de pan, y bajo cualquiera parte de esta espede: y todo también existe bajo la especie de vino y de sus partes". Cap. III, ses. XIII, Cene. Trident. Celebrada el día 11 de octubre 1551.
(4) "Caro mea vere est cibus, et Sanguis meus vere est potus". Joan, VI, 56.
(5) "Hoc facite in meam commemorationem". Luc., XXII, 19.
(6) "Quotiescumque manducabais panem hunc, et Calicem bibetis, mortem. Domini annuntiabitis, dones veniat". I, Corint., XI, 26.
(7) "Con el ácimo o pan fermentado de trigo, verdaderamente se confecciona el Cuerpo de Cristo; y los sacerdotes , deben confeccionar el Cuerpo del Señor en uno de esos dos panes, cada uno según el rito de su Iglesia, ya occidental u oriental". Ex decret. pro Gratis. Conc. Florent. " La materia de la Eucaristía es el pan de trigo". Ex decret. pro Armeniis. Publicado el día 22 de noviembre de 1439."En lo relativo a la Eucaristía, así daréis gracias: primeramente del cáliz: Dámoste gracias, Padre nuestro, por la santa vid de David tu servidor, que nos indicaste por Jesús tu Hijo ; gloria a ti en los siglos". Ex doct. Duedec. Apost. Escrita durante los años 80-90. En la Apología del mártir San Justino escrita entre los años 150-155, leemos lo que sigue: "Después el que preside lleva a los hermanos el pan, y la bebida de agua y vino; los cuales recibidos da alabanza y gloria al Padre del universo en nombre del Hijo y del Espíritu Santo, y largamente da gracias por los dones recibidos de él. Después que termina las preces y acción de gracias, y todo el pueblo ha aclamado; aquellos que entre nosotros se llaman diáconos distribuyen el pan, vino y agua a cada uno de los presentes y también llevan a los ausentes". "¿Quién más sacerdote del Dios supremo que nuestro Señor Jesucristo, el cual ofreció sacrificio a Dios Padre, y ofreció aquel mismo que había ofrecido Melquisedec, esto es el pan y vino, a saber su cuerpo y sangre? Ex Sanct. Cypriano, epist. 63. "Así como Melquisedec que era sacerdote de los gentiles jamás se ve que haya ejecutado sacrificios corporales, sino solamente vino y pan, así en verdad primeramente nuestro Señor y Salvador y después los sacerdotes que partiendo de él han ido a todos os pueblos, ejerciendo un cargo espiritual según las sanciones eclesiásticas, con el vino y el pan representan los misterios de su cuerpo y sangre saludable, cuyos misterios en verdad Melquisedec tanto antes había conocido por el Espíritu divino, y había usado con las imágenes de cosas futuras." Ex S. Euseb. Caesarien. Demonstr. Evang. n. 3. "Tomó Jesús Señor nuestro en las manos vino en el principio y pan, le bendijo, signó y santificó en nombre del Padre, y en el nombre del Espíritu, le partió y distribuyó a sus discípulos menudamente siendo propicia su bondad; al pan llamó su cuerpo vivo, y le llenó de si mismo y del Espíritu; y extendiendo la mano dió pan a los que con su diestra había santificado: "Re cibid, comed todos de esto que ha santificado mi pala bra. " Lo que ahora os he dado, no penséis que es pan, tomad, comed de este pan, ni piséis mis migas; lo que he llamado mi cuerpo, lo es en verdad. Una partícula de sus migas puede santificar a mil millones, y es suficiente para dar la vida a todos los que la comen. Tomad, comed con fe, nada dudando, porque éste es mi cuerpo y quien le come con fe, come con él, el fuego y el espíritu; si alguno le come dudando, se convierte para él en simple pan, mas quien come con fe el pan santificado con mi nombre, si es puro, se conserva, si pecador, s perdonado. Mas quien le desprecia, o injuria, tenga por cierto que desprecia al Hijo, el cual le llamó y realmente le hizo su cuerpo." Ex S. Ephraem. Sermones in hebdomada sancta. n. 4. Vivió por los años 306-373."Verás a los levitas llevando los panes y el cáliz del vino, depositándoles en la mesa. Y mientras las preces e invocaciones aun no están terminadas, nada sino pan y vino se halla. Mas después que las excelentes y admirables preces hayan sido terminadas, entonces el pan se hace cuerpo, y el cáliz la sangre de Nuestro Señor Jesucristo." Ex S. Athanasio. Fragmentum apud Eutychum. Vivió S. Atanasio por los años 295-373."Así como el pan y vino de la Eucaristía antes de la invocación santa de la adorable Trinidad era puro pan y vino, y terminada la invocación, el pan se hace Cuerpo de Cristo y el vino Sangre de Cristo ; así los mismos manjares pertenecientes a la pompa de Satanás, siendo por su naturaleza puros y comunes manjares, con la invocación de los demonios se vuelven profanos y despreciables."Ex S. Cyrillo Hierosol. Mystagogica I."El pan de nuevo es pan en el principio de la comunión; mas luego que el misterio le haya sacrificado, se dice y hace Cuerpo de Cristo. "Ex S. Gregorio Nysseno. Oratio in diem luminum. Vivió S. Gregorio Niseno por los años 335-394."Antes de ser consagrado, es pan mas luego que se añaden las palabras de Cristo, queda Cuerpo de Cristo." Ex S. Ambrosio. De Sacramentis. n. 23."Debéis saber lo que habéis recibido, lo que habéis de recibir, y qué es lo que cada día debáis recibir. Aquel pan que véis en el altar, santificado por la palabra de Dios, es el Cuerpo de Cristo." Ex S. Augustino Sermo 227. Vivió S. Agustín por los años 354-430."Lo que véis, es pan y cáliz, lo cual también os demuestran vuestros ojos; pero lo que os enseña vuestra fe, es que el pan es Cuerpo de Cristo, y el cáliz la sangre de Cristo. " Ex S. Augustino. Sermo 227."Cuando se ponen en los sagrados altares las criaturas que han de ser bendecidas con palabras celestiales, antes que sean consagradas con la invocación del santo nombre, hay allí la sustancia del pan y del vino, mas después de las palabras, el Cuerpo de Cristo y la sangre de Cristo. ¿Qué tiene de admirable el que quien pudo crear con la palabra, pueda con la palabra convertir lo creado." Ex S. Caesario Arelat. Hom. 5. De pashate.
(8) "Recibirás también harina floreada y harás cocer doce panes hechos de ella, que tendrán cada uno dos décimas de un efi. De los cuales colocarás seis en un lado y seis en otro ante el Señor, sobre la mesa limpísima." Levitico XXIV, 5, 6.
(9) "El primer día, pues, de los Acimos en que sacrificaban el cordero pascual, dícenle sus discípulos: ¿A dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de la Pascua?" Marc. XIV, 12."Llegó entretanto el día de los Ácimos, en el cual era necesario sacrificar el cordero pascual." Luc. XXII, 7.
(10) "Durante siete días no se hallará levadura en vuestras casas. Quien comiere pan con levadura, ora sea extranjero, ora sea natural del país, será borrada su alma del censo de Israel. Nada habéis de comer con levadura: usaréis de pan ácimo en todas vuestra casas. " Exod. XII, 19, 20.
(11) "Expurgate vetus fermentum, ut sitis nova cons pernio, sicut estis azymi. Etenim Pascha nostrum immolatus est Christus. Itaque epulemur, non in fermento veteri, neque in fermento malitiae et nequitiae, sed in azymis sinceritatis et veritatis." I, Corint., V, 7, 8.
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